Me inicié como docente en la Ciudad de México a la edad de 23 años más o menos (pero no hagan cuentas porque no soy tan joven), podía combinar mis estudios universitarios que eran por la mañana y en la tarde empecé a dar clases a nivel secundaria en una escuela dependiente del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes), los jovencitos eran bailarines, por las mañanas llevaban sus clases de danza y en la tarde sus materias de primaria, secundaria o preparatoria. Llegué ahí por mi necesidad de trabajar, a través de una compañera de la universidad me enteré que necesitaban un profesor(a) de ciencias naturales para el nivel de secundaria, así que me presenté, como había más candidatos, nos evaluaron con la presentación de un tema a uno de los grupos, al cabo de una semana, me llamaron para que me presentara a trabajar.
Al principio, mí nerviosismo no era por los contenidos del programa, creo que el estar estudiando me hacía sentir actualizada, mi preocupación era por la disciplina del grupo, era joven y pensaba que eso podía ser un problema para realizar mi trabajo con profesionalismo. Con orgullo les comento que nunca tuve problemas de indisciplina, ni de ningún tipo, mis alumnos se esforzaban, yo junto con ellos y tal vez por mi juventud y la de ellos nuestro acercamiento fue más estrecho y pudimos compartir muchas inquietudes. Estoy segura que ese acercamiento fue lo que hizo que me abrazara completamente a la docencia y me prendí de ella.
Cuando me inicie en el bachillerato en Ensenada, mi impresión fue diferente, como les mencioné anteriormente, empecé con materias que no dominaba del todo, así que sí sufrí un poco, me iniciaba en un lugar ajeno, donde valores y costumbres no eran precisamente con las que yo me crié. Mis muchachos eran de quinto semestre y con descaro me decían que ellos no sabían que significaba la palabra tarea, que como se me ocurría a mí exigirles cuando casi todo el bachillerato lo habían cursado así, sin tareas; bueno, nunca claudiqué y poco a poco nos fuimos entendiendo, ahora llevo una estrecha comunicación con cuatro de esos muchachos, ya formaron su familia, tienen buenos trabajos y ellos reconocen que llegué a “moverles el tapete”, en el sentido de la responsabilidad y la superación… eso es motivante para mí.
Ahora al paso de los años reconozco en mí labor como profesor, el reflejo de ser madre, me preocupan mis alumnos y me ocupo, hablo con ellos sobre la educación, la responsabilidad que tenemos como ciudadanos y estudiantes, sobre su futuro; ahora que he trabajado como tutor el acercamiento con los padres y el poder ayudar en la relación de ambas partes, es motivo de satisfacción; sé que he influido en muchos de ellos para que concluyan sus estudios de bachillerato o bien continúen con la universidad, mí apoyo ha sido moral y económico.
Realmente estoy orgullosa de mi trabajo, lo disfruto, me ha permitido crecer en muchos sentidos, he sido creativa, innovadora, me ha permitido ser más humana y humilde, al reconocer que no lo sé todo y a pesar de mi experiencia me equivoco. A través de la relación con mis alumnos he aprendido a comunicarme con mis hijos que ahora son adolescentes, me siento con la responsabilidad moral de dejar plasmado en mis alumnos, valores, el deseo de superarse, de quererse y respetarse a pesar de las limitaciones que tenemos, considero que si todos los maestros nos uniéramos en este trabajo, la sociedad sería diferente a la que estamos viviendo, pero no hay que resignarse, cada quien en nuestra escuela no debemos de dejar de trabajar sintiendo que cada día es una oportunidad para cambiar.
Lamentablemente, no todo es color de rosa, me indigna tanta mentira de parte de las autoridades educativas, tantos insumos económicos que nunca llegan a las escuelas, tantas mentiras y “tranzas” que se hacen, la simulación que existe entre autoridades y maestros. La falta de apoyo en las instituciones y… maestro haber como le haces, en mi caso 4 microscopios para 40 estudiantes, esas dichosas mesas hexagonales que sirven únicamente para que se distraigan los muchachos y para aumentar la matrícula a dividir salones, para que en espacios reducidísimos estén ese número de almas.
Los maestros somos los que formamos, llevamos a cuesta la educación de nuestros alumnos, ¿alguien se ha tomado la molestia de tomarnos en cuenta? La misma Reforma ha sido una simulación, de repente los maestros en tres días tienen las secuencias de todo el semestre.
Yo no sé si sea únicamente problema de mí plantel por estar lejos del centro de la república, pero aún la capacitación para los maestros es a cuenta gotas, la información no fluye, tal parece que hay planteles de primera y segunda.
Por otro lado tenemos a la sociedad que despotrica en contra de nosotros; los padres de familia cuyo deseo es que tomemos decisiones que a ellos como padres les toca, cuando la educación proviene del núcleo familiar, nosotros contribuimos. Me incomoda la falta de valores de los muchachos, la falta de ética y unidad entre los profesores de mí plantel.
En fin compañeros, estas son mis vivencias.